Esa noche besé tus labios de miel,
ante ti rendida caí,
y durante un sin fin de promesas,
guardé tu amor para mi.
El sudor de nuestra piel,
impregnaba nuestros cuerpos,
juntos, unidos en el lecho sin razón,
llegando a una pasión sin control.
Mientras entre tus brazos me dormías,
un fuerte escalofrío traspasaba mi corazón,
lentamente me acercaba a tu pecho,
cálido, confortable con vistas al paraíso,
tus brazos cerraban mi cuerpo
estremecido, loco por ti, esperando afecto,
cuanto tiempo esperé esta noche,
ahora que estoy cerca de tu alma,
no me iré de tu vida,
y estaré donde tu cuerpo me pida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario